lunes, 18 de mayo de 2009

Llamado a la solidaridad

Estimado/a empleado/a de comercio, atención telefónica, farmacia, etc. Le ruego encarecidamente evite la palabra "señora" en su trato conmigo. Sé que me encuentro en una franja etarea indefinida y carezco de indicadores para una preciso encasillamiento (alianzas, niños, etc.), pero haga el esfuerzo y libérese, desalmidone sus modales, piense antes de sentenciarme con su educado adjetivo. Probablemente exista un manual en el que le indican el uso de tan antipático apelativo, pero tenga en cuenta que una señorita a la que llaman señora no compra tanto ni tan contenta.

viernes, 15 de mayo de 2009

En vísperas de su cumpleaños


Tiene nombre de hierba, va bien con manzanilla y un poquito de carqueja. Pocas cosas más lindas que verla reír, toda su cara abierta en una carcajada amplia y generosa. Es ella una invitación, esa puerta siempre abierta, una ventana entornada por si quisiera volver. Sueña que vuelvo y al mismo tiempo reza en canciones para seguir viéndome feliz y a lo lejos. Nos separan gustos musicales, no creemos ni votamos a la misma gente. Nos acerca cualquier mate con cascaritas de naranja. Toda cosa en sus manos se convierte en manjar; su casa es el reino de Nunca Jamás, el lugar donde todo parece posible, de donde vuelvo poderosa y querida.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Iluminada y eterna





Las fotos de Nacho Iasparra siempre me dan ganas de viajar. Y de andar toda iluminada por esas luces de otro lugar que tienen sus imágenes.

Quemo

vergüenza.
1. f. Turbación del ánimo, que suele encender el color del rostro, ocasionada por alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante, propia o ajena.

De acuerdo con esta definición de la RAE, no sería necesario aclarar en qué caso la vergüenza es ajena y cuándo es propia. Pero hay situaciones desesperantes en que la expresión "vergüenza ajena" es una única capaz de describir esa incomodidad absoluta. Siempre me pareció una emoción interesante. Porque no termina de definirse, no es compasión, no es empatía, tampoco pudor, es una mezcla de todo. Y, en mi caso, el detalle más característico es la desesperación. He llegado a taparme los ojos y tomarme el estómago en gesto casi solidario con aquel que se ridiculiza públicamente. Me sucede con todos y cada uno de los capítulos de Extras. Me pasa con las tapas de la revista Gente y con los titulares de la Cosmopolitan. Y, como muchas de las vivencias más fuertes, me ocurre cuando viajo en taxi. No puedo evitar mirar por la ventanilla y apretar los dientes cada vez que escucho el cachondeo entre la operadora y los conductores. No sé si se trata de una estrategia para mantener alta la moral de los taximetreros o si existe una escuela para operadoras donde se las instruye para hablar en ese tono hot. Lo cierto es que siento deseos de tirarme del taxi cada vez que escucho frases insinuantes entrecortadas con el sonido de la estática.

lunes, 11 de mayo de 2009

viernes, 8 de mayo de 2009

Duda

¿A qué edad exactamente una es demasiado grande para extrañar a su madre? Digo, porque con 31 años no paso un día sin pensar en lo bien que me haría tenerla más cerca.

martes, 5 de mayo de 2009


"Moratoria del monotributo". Suena bien, linda cacofonía. Si quisiera, sonarían también a canción la cuenta de la obra social, el resumen de la tarjeta, todos los papelitos que deslizan por debajo de mi puerta y que mi gato, con la nariz fruncida, me lleva hasta la cama. Podría hacer una guirnalda con todas las cuentas, pintarla de colores y colgarla sobre mi cama junto a los animalitos de felpa del barrio chino. Lástima que no se pueda. Suerte que mañana tengo danza otra vez y no me importa nada. Nada más que la música, el espejo, la barra y yo.