Si bien vengo notando un deterioro lento pero sostenido de la lengua en general, es el piropo callejero el que sintetiza todas mis preocupaciones. Cada vez usamos menos palabras, balbuceamos frases llenas de muletillas, como primates parlantes. Y no me refiero a un uso rimbombante y recargado del español; si antes para elogiar algo decíamos: "¡qué buen perfume tenés puesto!, ¿cómo se llama?"; ahora es: "alto perfume". Alto, grosso, posta, tipo, como, han reemplazado frases completas y perfectamente construidas.
Lejos quedaron los me gusta el azul, me gusta el rojo, pero más me gustan tus bellos ojos; ya ni siquiera pesco algo de ese ingenio morboso del piropo atrevido que pone a las chicas coloradas de vergüenza o un conciso ¡a la pelotita!, no. Ayer fui testigo de la muerte del piropo. Caminaba delante mío una chica despampanante, a dos metros un señor que esperaba el colectivo se enderezó, sacó pecho y se preparó. Cuando la señorita pasó a su lado se inclinó y acercándose a su oído emitió una serie de ruiditos guturales indescriptibles, que después comprendí emulaban el sonido de la succión. Ni una sola palabra, hubiese preferido un "te chupo toda".
jueves 26 de noviembre de 2009
martes 24 de noviembre de 2009
lunes 23 de noviembre de 2009
Para reflexionar
Todavía no decido si hacerse cargo del mal humor ajeno y tratar de remontarlo es una costumbre fundada en el más ridículo egocentrismo, como si fuésemos el disparador de cada ceño fruncido que nos rodea, o de sencilla y plana estupidez.
domingo 22 de noviembre de 2009
viernes 20 de noviembre de 2009
De cómo quitarle encanto al verano
martes 17 de noviembre de 2009
Que nadie me diga otra cosa
Así como creía en Papá Noel y el ratón Pérez, creo en el poder del "fin de año" y el comienzo de uno "nuevo". No indaguemos, solo creamos.
martes 10 de noviembre de 2009
Ver para creer
Muy señor mío:
Deseando profundamente volver a conciliar el sueño, le ruego se le aparezca a otra persona, o tenga a bien hacerlo durante los fines de semana y fiestas de guardar. Salúdolo con mi mayor consideración, Doña Cristina Mercedes del Buen Pastor.
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una nota perfumada debajo de la almohada
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