viernes, 10 de octubre de 2008

Identikit de la Solapa

Debo decir que mi infancia fue muy feliz. Los juegos con mi hermana, los libros de cuentos, los atentos cuidados de mamá, el alboroto con la llegada de papá del trabajo, el pan con dulce de leche, las canciones, los Pitufos, los crayones, el canasto de los juguetes. Mis mejores recuerdos son de nuestras expediciones a Entre Ríos. Viajes eternos en los que siempre se rompía el auto y pasábamos horas comiendo sandwichitos de pan lactal y Coca Cola. Después de un viaje promedio de 14 horas llegábamos al encuentro de abuelas y tías litoraleñas y todo era una fiesta. Una fiesta en la que los adultos se empachaban con asado para terminar durmiendo largas siestas. Sabido es que ningún niño duerme siesta, por lo menos no voluntariamente. Con el clásico mecanismo de asustar para conseguir su cometido (padres, revisen esto con algún terapeuta, por favor, hay otras maneras), nos metían el cuento de la Solapa. La Solapa es la versión entrerriana del viejo de la bolsa. Se supone que se lleva a los niños insurrectos que no pegan un ojo entre las dos y las cinco. Mi problema con esta figura es que nunca me generó miedo. No importaba el tono amenazante que usaran mis tías, siempre me la imaginé como un ser fantástico, mezcla de persona y pájaro, con voz de cigarra. Y nunca creí que buscara a los chicos para secuestrarlos, para mí nos buscaba para jugar. La esperé sentada bajo un eucalipto rigurosamente, durante cuatro o cinco veranos. Ensayaba el diálogo con el que me iba a presentar y los juegos que podíamos jugar (todo menos cartas, sigo igual). Todavía ahora me parece verla sobre alguna barranca o la imagino paseando sobre un camalote. Hace un tiempo me encontré con este dibujo de Julián Gatto y me pareció que era ella.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Cande, muy buena esta siesta entrerriana, suena a lo mejor de Norah, en esos maravillooosos cuadernos de infancia...

Libreta de flores dijo...

Muy raro el nombre del personaje litoraleño.
Qué gracioso que no le tenías miedo.

Diego dijo...

A mí contaban sobre la Luz Mala, algo así como un espectro pampeano que rondaba las noches y no tenía nada mejor que hacer que buscar a los chicos que no se portaban bien. Lo bueno es que también estaba Poncho Negro, el héroe que las perseguía si uno se portaba bien.
Ah, y mi viejo nos inventó además un fantasma amigable que vivía en el placard. Su nombre era muy gracioso: Tirifilo.

Cande dijo...

Anónimo lindo,aunque la comparación con Norah me parece exagerada, agradezco el piropo.
Libreta,es cierto que es raro, de tanto escucharlo no me di cuenta de que también es el nombre de una parte de un saco, por ejemplo.
Diego,allá también tenemos luz mala, y cómo. Dicen que es una fosforescencia que producen los huesos de animales muertos, pero me copa más pensar que son almas en pena. Para qué te perseguía Poncho Negro?