martes, 20 de mayo de 2008

Elogio


Existe la creencia de que las mujeres somos envidiosas, que se nos hace casi imposible reconocer virtudes en nuestras congéneres, cegadas por el más primitivo recelo. No estoy de acuerdo y se me ocurre una lista interminable de mujeres elogiables. No necesito caer en ejemplos como Juana Azurduy, Virginia Woolf o Norah Lange. Puedo hablar de Lu. La conocí de una manera curiosa y nada me hacía pensar que cuatro años después la iba a contar entre mis amigas más cercanas. Tal vez sí, esa intuición con la que uno va eligiendo a las personas cuando es grande. Ella tiene una inteligencia filosa, una ironía fina con la que me saca una sonrisa aún en los momentos más irremontables. Creo que lo que más me gusta de ella es que es imposible de encasillar. Es arquitecta, medio artista, fotógrafa, un poco Robin Hood otro poco Kung Fu, lectora fervorosa y tenaz cinéfila. Y por supuesto tiene esa rara cualidad, lugar común de las grandes amistades: es incondicional.

2 comentarios:

mercadito de barrio dijo...

Kung Fu master (como me decían en el secundario)completamente emocionada y agradecida.

Cande dijo...

tonta.