martes, 13 de enero de 2009


Una vez me explicaron que la Luz Mala no era otra cosa que la fosforescencia producida por huesos de vacas en descomposición. ¡Qué ganas de quitarle el encanto a una noche en el campo! Si no me importó enterarme de que no existían Papá Noel, ni los Reyes Magos ni el chocolate light, esto me arruinó un verano. Después de haber sido plantada por la Solapa, lo mínimo que esperaba de esas noches en la quinta era un encuentro cara a cara con la Luz Mala. Imaginaba que la pobre se habría ganado el mote de “mala” después de encandilar sin querer al caballo de algún gringo asustadizo. ¿Qué podía ser tan terrible de un espíritu? Al fin y al cabo, todos tenemos uno, o más. Quería escuchar su versión. Si en realidad era tan mala, seguro tendría alguna explicación. Me niego a creer en la maldad porque sí.
Nunca nos encontramos. Una vez la vi debajo de un limonero. Salí corriendo, pero cuando llegué había desaparecido. Se ve que ella me tenía más miedo a mí. Hizo bien, la iba a taladrar con preguntas. Eso sí, ahí no había ninguna osamenta.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Justo martes 13? la "luz mala", otros dicen que son ángeles.. ..que si los apurás se espantan. Vos eras. . . como la alpargata para otta

viquina dijo...

la luz mala y el chocolate light son los padres. enterate.